¿Quién es Tannya Varela?

Sin temor a los paradigmas

Desde su época de estudiante de colegio en Imbabura, tenía claro que ingresaría a la filas de la Policía Nacional, sin importar las dificultades, opiniones o mitos sobre la presencia de la mujer en una institución de seguridad. Su aspiración y vocación era servir a la ciudadanía y los prejuicios no la detuvieron
Por: Juan Martínez

Es una de las máximas jefas de la Policía Nacional, integró la segunda promoción de mujeres graduadas como subteniente de la Escuela Superior General Alberto Enrique Gallo. Tiene rango de coronel, ejerce la jefatura del Comando de la Zona 8 (Guayaquil, Samborondón y Durán) y es la primera coronel de la institución en asumir la Comandancia de la Policía del Guayas. Tannya Varela es una de las mujeres con uno de los rangos más altos dentro de la institución policial. A base de esfuerzo, trabajo, perseverancia y disciplina se ganó el derecho de integrar la lista de los principales jefes de la Policía Nacional.

Para ella, tener éxito en la vida no implica ni representa conquistar la fama, sino ejecutar con pasión,mor y responsabilidad las actividades elegidas como profesional. Varela recuerda la época de estudiante en el colegio de señoritas de Ibarra; ella, como la gran mayoría de ciudadanos, pensaba que instituciones como la policía estaba integrada solo por hombres. La actual comandante de la policía de la Zona 8, señala que antes de ingresar a la Escuela de Oficiales de la institución, su padre, Stalin Varela, le aconsejó escoger la carrera de economista, pero ella insistió en ser una oficial de la policía. Finalmente, su papá le dio el respaldo necesario y la acompañó al proceso de selección.

Tiene muy presente esa fecha cuando comenzó a escribir su propia historia; con mucha nostalgia debió alejarse de su familia y de su natal y querida Ibarra. “Fue un 7 de octubre de 1984 cuando ingresé de cadete en la escuela de formación policial, tenía claro mi objetivo: ser una oficial”, manifiesta.
Debieron transcurrir tres años de intensa preparación académica para conseguir su tan ansiado sueño de graduarse de subteniente. “Me incorporé un 31 de julio de 1987, junto a siete compañeras más de la segunda promoción”, señala con orgullo. De ahí en adelante, fue en ascenso la vida profesional de esta mujer de carácter amigable, pero con un férreo liderazgo y don de mando.

Varela es la prueba de que quedó en el pasado ese mito de que las mujeres no podían integrar una institución como la policía. En sus inicios como oficial de línea integró laUnidad de Migración del Aeropuerto Internacional Mariscal Sucre de Quito y fue parte del Grupo de Tránsito de la misma capital. Además, en Ibarra trabajó en el servicio urbano y en el Departamento de Educación Vial.

En los últimos años, se ha desempeñado en las jefaturas de la provincia del Guayas y de la ciudad de Guayaquil. En su oficina, ubicada en la Unidad de Vigilancia Central (UVC) en la avenida de Las Américas, revisa con detenimiento reportes e informes -tanto de las autoridades civiles como de sus superiores-, ordena operativos y planifica acciones en favor de la urbe y la seguridad de la población.
Por su labor y responsabilidad, la oficial Varela -con más 30 años de servicio en la institución policial-no solamente se ganó la confianza de sus superiores, también la admiración de sus subalternos, compañeros y del pueblo en general, especialmente de las mujeres que ven en ella un ejemplo a seguir. “Es muy exigente, estricta y dedicada; muy apegada a los valores, misión y visión de nuestra institución”, sentencia el cabo Aníbal Bustamante.

Institución incluyente
varela2En diálogo con revista La Otra, Varela destaca a la institución policial por ser pionera en la formación de mujeres oficiales, graduadas en la escuela superior. Nueve de ellas ya tienen rango de coroneles del Estado Mayor. Califica este hito como un gran logro de la institución, donde la inclusión es una prioridad. “Estoy orgullosa de ser parte de la Policía Nacional, ocupando un cargo que antes solo era administrado por jefes varones”.

En la actualidad tiene bajo su mando a cientos de hombres, que resguardan a la ciudad de Guayaquil, una urbe con un alto porcentaje de conflictividad en materia de seguridad.

En 1998, ya como capitán y por disposición de sus superiores, pasó a integrar la recién creada Oficina de
los Derechos de la Mujer y la Familia (ODMU), ubicada en ese tiempo en el edificio de la Gobernación del Guayas (centro de Guayaquil). Ese trabajo le permitió conocer de cerca las causas que inciden en la delincuencia y violencia intrafamiliar. “El problema radica principalmente en los hogares, en la falta de estructuras como familia, porque los delincuentes provienen de hogares violentos”.

 

Su apretada agenda de labores comienza con la primera luz del día y culmina en horas de la noche, incluso puede prolongarse si las circunstancias lo exigen
Su apretada agenda de labores
comienza con la primera luz del
día y culmina en horas de la noche,
incluso puede prolongarse si las
circunstancias lo exigen

Sin embargo, aclara que “la pobreza no puede ser confundida como sinónimo de la delincuencia o porque se diga que no existe trabajo debe delinquir”. Para ella, el problema radica en la falta de valores en los hogares, siendo la violencia la que lleva a delinquir.

Sobre los espacios y oportunidades laborales antes ocupadas por los hombres, la oficial manifiesta: “Tenemos capacidad para elaborar cualquier actividad productiva, antes se decía que las mujeres estábamos destinadas para cumplir únicamente tareas del hogar. No olvidemos que en la actualidad los grandes chef son varones y se sienten orgullosos de serlo. Son esquemas que hay que ir rompiendo en nuestra sociedad, cada cual debe desenvolverse en su espacio de la mejor manera, porque una carrera es una vocación”.

Añade que al ser la institución policial muy disciplinada y jerarquizada, sus órdenes nunca han sido desacatadas, pero siempre las disposiciones las entrega con mucho criterio para que los subalternos tengan confianza en su comandante y lideresa de la división policial. Además, opina que las políticas de Estado adoptadas por el gobierno han permitido a la ciudadanía volver a confiar en la institución, en la actualidad fortalecida tanto en lo orgánico, funcional y estructural.

Detrás del uniforme se describe como una mujer hogareña, dedicada a su familia. La coronel es madre de tres jóvenes: Víctor Hugo (20), Edwin (17) y Elie (14). Su esposo es el teniente coronel de la policía, Edwin Noguera.

Orgullosa de sus raíces, la coronel Varela es una de esas damas policías que arriesgan hasta su propia vida para salvaguardar la de otros. Siempre viste con orgullo su impecable uniforme gris y en su cinto: el tolete y el arma de dotación, como cualquiera de sus compañeros. Son mujeres decididas a actuar si por alguna razón se vulneran la seguridad o la tranquilidad de la ciudadanía.

Por su dedicación, resulta fácil ver el día en que Tannya Varela llegue al rango de general. Y, quizá, a ser la primera mujer que ocupe la Comandancia General de la institución. Es un orgullo para el país, pero principalmente un triunfo para aquellas mujeres que no se doblegan ante los paradigmas.