¿Quién es José Serrano?

El interior del MINISTRO

De mente sagaz y mirada penetrante, José Serrano es un enigma, al parecer, involuntario. Las tareas propias de su cargo lo hacen parecer severo, imperturbable… casi obstinado. Pero, antes que secretario de Estado, es padre, esposo, hijo, hermano y -según dicen sus allegados muy buen amigo. En una charla introspectiva, el Ministro del Interior habla del hombre detrás del funcionario; del servidor público que vela por la seguridad de cada ecuatoriano, sin dejar de ser un ocurrente “morlaco”

Por Martha Sandoval

Con obvia prudencia, cuida sus palabras y se preocupa por expresar con precisión lo que quiere decir; no deja espacios para malos entendidos. Escatima en sonrisas, pero revela con entusiasmo las cosas sencillas que lo hacen feliz. José Serrano no se ha dejado sorprender por el poder que le otorga ser uno de los ministros con mayores responsabilidades y de más alto perfil del gobierno de Rafael Correa.

Está acostumbrado a describir operativos, allanamientos, arrestos, audiencias, eslabones y sentencias, pero pocas veces habla de su vida fuera del ala posterior de Carondelet. Sin embargo, basta darle un empujoncito y empieza a soltarse. Como buen cuencano, disfruta de montar a caballo, pasear en moto, de una guitarreada con los amigos de su “jorga” y de las delicias propias de la capital azuaya: mote, cascaritas y cuy.

Además de documentos, libros, la bandera ecuatoriana, el estandarte de la Policía Nacional y un retrato de Simón Bolivar, en su despacho hay discos de rock en español (Soda Stereo, Fito Páez) y un pequeño altar con fotos de su familia. Destaca la de su padre, su homónimo y un abogado, juez y académico destacado, que murió hace poco menos de dos años. Un velón blanco encendido le hace honores.

Es serio, sí, pero no inflexible. Hace bromas y se ríe, aunque no a carcajadas. Se declara católico, educado por jesuitas, y admite su temor a Dios. Así mismo, sin falsos pudores, cuenta que tiene cinco hijos de tres relaciones y una madre “tremendamente feminista”.

Martha Sandoval (revista La Otra): ¿Cuánto tiempo lleva fuera de Cuenca?

José Serrano (Ministro del Interior): Desde el año 1998.

M.S.: ¿Y qué tan cuencano se considera ahora que lleva tanto tiempo fuera?

J.S.: Más cuencano que nunca. Es que, cuando uno se siente excesivamente cuencano, se vuelve morlaco y yo soy un morlaco a carta cabal.

M.S.: Los cuencanos son expertos y muy creativos para poner apodos, ¿tiene algún sobrenombre?

J.S.: Bueno, a mi padre le decían “muerto” Serrano, porque tenía unas ojeras muy grandes, pero yo no heredé ese apodo. A mí me dicen “cabezón”, pero no sé por qué.

M.S.: ¿Qué es lo que más extraña de Cuenca, aparte de su familia?

J.S.: Lo que más extraño de Cuenca es la tranquilidad de la ciudad. Tener la posibilidad de caminar a la orilla del río, de poder estar inmediatamente en cualquiera de los pueblitos pequeños, de las quintas que hay en las afueras de la ciudad.

M.S.: Se dice que para pertenecer al gabinete del presidente Correa no hay horario y que no se puede decir que no, ¿es cierto?

J.S.: Sin lugar a dudas. A veces no sabemos ni qué hora es ni qué fecha es. Pero, yo creo que ese es uno de los valores agregados que tiene la gestión y la posibilidad de trabajar con el presidente.

M.S.: Con ese ritmo, se sacrifica mucho el tiempo con la familia, ¿no?

J.S.: Sí, pero, como todo en la vida, no pasa solo por la cantidad, sino por la calidad del tiempo. Lo fundamental es saber aprovechar los espacios que nos da la gestión para acercarnos a la familia y para aferrarnos a lo que nos permite seguir viviendo que es esa relación en la intimidad que tenemos con nuestros hijos, con la cónyuge, con los padres, etc.

M.S.: ¿Se siente cansado a veces?

J.S.: Puede ser que a veces sí me sienta algo cansado, pero lo importante es que he encontrado los mecanismos para superar ese cansancio (…) Ahora me he interesado por la meditación y también una actitud de fe nos ayuda a desvanecer ese cansancio.

M.S.: Por sus funciones, ¿teme por su vida o la de su familia?

J.S.: Temor a Dios siempre hay que tener. Desde mi perspectiva personal, en mi gestión siempre he actuado frontal, transparente y contundentemente, pero no temerariamente. Eso creo que es lo clave. En un país que va ganando institucionalidad, el temor a la violencia también se puede ir desvaneciendo.

M.S.: Usted perdió a dos personas muy cercanas recientemente, su hermano y su papá, ¿en qué encuentra consuelo? ¿Cuál es su actitud frente a la muerte?

J.S.: Hacia allá avanzamos todos los seres humanos. Hay una frase de Jorge Luis Borges, que no la recuerdo muy bien, pero señala que la muerte es parte de la vida y, a su vez, la vida es el inicio de la muerte (…) En los acontecimientos en que uno pierde familiares, como el caso de mi padre y mi hermano, aunque lo de mi hermano fue un hecho de violencia que jamás nos esperábamos, hemos tratado de mantener su memoria en función de la paz. Creo que el sentimiento y la amargura no deben jugar en la vida de los seres humanos, debemos ver hacia adelante y, como decía mi padre, siempre ser felices.

M.S.: Veo que tiene un altar, ¿es creyente, es religioso?

J.S.: Sí, efectivamente, soy católico.  Estudié en el colegio Borja de Cuenca, un colegio jesuita; soy devoto de la Dolorosa, por eso la llevo siempre en el pecho.

M.S.: Usted y su familia donaron más de ocho mil libros al Consejo de la Judicatura del Azuay ¿Qué significado tiene eso para usted?

J.S.: Mi padre amasó su fortuna en los libros y, sobre todo, en el conocimiento con la lectura de esos libros. Una biblioteca así no se puede dividir en una herencia material, tenía que trascender ese ámbito íntimo familiar. Mi padre, al ser un abogado, profesor universitario y juez en Cuenca, dejó para las actuales y futuras generaciones un legado para que sigamos construyendo, aprendiendo y entregando lo que hemos sido.

M.S.: ¿Es cierto que toda su casa era una biblioteca?8-2

J.S.: Los libros estaban en el comedor, estudio, baños, en el auto, en todo lado. Mi padre en la década de los 2000 comenzó a utilizar todas las herramientas tecnológicas y lo llamaban “Google”. Decían: “¿Para qué vamos a buscar en Google si podemos preguntarle al Pepe Serrano?”.

M.S.: Usted combate a diario a las lacras sociales, ¿eso no le hace perder la fe en la humanidad y enlos ecuatorianos?

J.S.: No, más bien me hace afianzar la fe en la humanidad y en los ecuatorianos. Así como uno conoce de manera excepcional a personas que actúan de manera violenta desde la lógica criminal, he conocido que el Ecuador está lleno de hombres, mujeres, niños y jóvenes extraordinariamente honestos y felices, con esperanzas gigantes en el futuro.

M.S.: Muchos ecuatorianos nos preguntamos qué hará cuando cesen sus funciones, ¿cree que vivirá tranquilo en el Ecuador, necesitará seguridad de por vida?

J.S.: Yo creí que me iba a preguntar qué quiero ser cuando sea grande (risas). Insisto que el tema fundamental es la institucionalidad y se va perdiendo el miedo cuando van  desapareciendo las estructuras criminales.

Lo que sucedía es que se perseguía a delincuentes y todo se tomaba a título personal, ahora lo que perseguimos es delitos. Lo que nosotros estamos haciendo no es luchar con tal o cual persona, estamos luchando contra la impunidad. Eso, obviamente, genera otro concepto.

M.S.: ¿Cómo se ve después de la Revolución Ciudadana?

J.S.: Después de la Revolución Ciudadana, seguramente cremado (risas). Yo aspiro a que la Revolución Ciudadana se vaya cuando se hayan logrado todas las transformaciones que requerimos todos los ecuatorianos.

M.S.: Usted es un defensor de los derechos humanos, ¿eso no se contradice con sus funciones como Ministro del Interior?

J.S.: Todo lo contrario. Yo creo que en el proceso de transformación que estamos viviendo con el presidente, con el gobierno de la Revolución Ciudadana, más bien se afianza esa defensa de los derechos humanos. La posibilidad de trabajar en materia de seguridad ciudadana y con la entidad pública que siempre estuvo considerada como represora y violentadora de derechos humanos, ha sido una suerte de dar un giro de 180 grados. No protegemos al Estado, sino que protegemos a los ciudadanos y cuando se protege a los ciudadanos se protegen derechos.

M.S.: ¿Qué le inspira ternura, cómo alimenta su lado compasivo?

J.S.: La sonrisa de un niño, el abrazo de consuelo de una hija o de un hermano después de presenciar un hecho violento. Cuando acudo a esos acontecimientos infelices de tragedias, así como me golpea, me llena el alma. La gente cree en lo que estamos haciendo y eso me humaniza más.

¿Cuál es la ministra más atractiva?

“Todas tienen su sex appeal y todas son bien bravas”

¿Y el ministro más guapo?

“Eso está por verse”

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“Con la madre tan feminista que tengo, eso de ser ‘macho y bien parado’, como se dice en Cuenca, ya se me ha ido quitando”