¿Cuál fue el mayor negociado de los ochenta?

La historia de la perimetral

Todo fue ilegal, antes, durante y después de la construcción de la vía Perimetral. Considerada como la obra de infraestructura más grande en el país en los años ochenta, también fue la protagonista del mayor escándalo de corrupción de aquella década

Por: Juan Carlos Ortiz / juan.ortizmendoza@gmail.com

Desde el mismo Vicepresidente de la República, el Banco Mundial, diputados y la opinión pública en general, todos cuestionaron la utilidad de la obra y los evidentes sobreprecios y beneficios posteriores que la obra traería a un reducido grupo de personas relacionadas con el gobierno Social Cristiano. Así lo dice la historia, así lo describió con unanimidad la prensa en esa época.

Pero, para entender cómo fue posible tanta impunidad, es necesario ubicarnos en el contexto histórico que vivía el Ecuador por allá en la época en que León Febres Cordero y Jaime Nebot eran los dueños del país.

Desde la campaña presidencial de 1984, ya era evidente cuál sería el rumbo… varios muertos y heridos fue dejando a su paso la caravana del “pan, techo y empleo” de los socialcristianos. Los opositores a Febres Cordero desde un comienzo fueron sistemáticamente silenciados.

Durante los cuatro años del gobierno “reconstructor”, se denunciaron cientos de casos de violaciones a los derechos humanos. Según la Comisión de la Verdad, la mayor parte de esos atentados fue protagonizada por altos funcionarios del gobierno y miembros de la Policía Nacional y Fuerzas Armadas.

El incremento del IVA, de las tarifas eléctricas y del precio de la gasolina en más del 200 % y la devaluación de la moneda en más del 300 %, fueron algunas de las medidas que desataron las constantes huelgas y paralizaciones de servicios, que eran reprimidas de forma brutal.

Nadie se escapó de la represión, así lo denunciaban los máximos representantes de los partidos polí ticos como Oswaldo Hurtado y Rodrigo Borja, quienes acusaban al gobierno de estar detrás de atentados paramilitares en contra de los grupos de oposición al gobierno.

Ese era el ambiente que se vivía en todo el Ecuador, gracias al gobierno derechista oligárquico de León Febres Cordero, pero Guayaquil era un caso aparte. El puerto principal se había convertido en el “Chicago moderno”, así lo expresaba Iván Castro Patiño diputado del Frente Radical Alfarista (FRA), que aseguraba que “Guayaquil se había convertido en pasto de bandas paramilitares”, y de traficantes de tierras.

Diario Hoy recogía con precisión varios datos, afirmando que en el periodo en que Jaime Nebot Saadi, fue gobernador de la provincia del Guayas: “se registraron más de 40 muertes de campesinos y opositores por parte de grupos paramilitares y fuerzas del orden; Guayaquil fue el reino de las bandas armadas que, con total impunidad, sembraron el terror entre pobladores, estudiantes, sindicalistas y opositores. Se dieron más de 40 desalojos violentos a miles de familias. Más de 30 detenciones arbitrarias masivas. Más de 10 atentados criminales contra dirigentes de la oposición y locales de sus partidos. Se clausuraron varias radiodifusoras y se destruyó totalmente a CRE (emisora de radio). Se institucionalizó la tortura y la ley de fuga en las cárceles. Las bandas armadas juveniles llegaron a sumar 1.200. Se acusó al gobernador del Guayas de montar grupos especiales de civiles armados al mando directo de la gobernación”.

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LOS NEGOCIADOS

A pesar de la permanente represión, varios casos de corrupción fueron denunciados por sectores políticos e investigados por la prensa. Lamentablemente, la impunidad reinó. El mismo gobierno -de forma descarada- encubría los hechos.

Podemos recordar a la denominada carretera “más cara del mundo”, la Méndez-Morona, la licitación de CEDEGE, el caso Ecuahospital o la compra de un avión Fokker con un sobreprecio de casi seis millones de dólares. Así también, la huida -con ayuda del gobierno- de Joffre Torbay, secretario de la Administración Pública, luego de haber sido enjuiciado por la compra de 350 carros recolectores de basura, con sobreprecio de siete mil dólares por vehículo. Pero, el premio mayor fue la Perimetral.

El país, en 1985, vivía la mayor crisis económica de su historia, algo que el mismo gobierno posicionó en la opinión pública, pero -a pesar de eso- se impulsó contra viento y marea la construcción de una obra considerada “innecesaria” para la época, de rentabilidad nula y a un costo sobredimensionado de forma descarada.

Para comenzar, la vía perimetral jamás constó en el Plan Nacional de Desarrollo ni en las promesas de campaña de León Febres Cordero. El Ministerio de Obras Públicas desarrolló, a finales de la década de los setenta, un proyecto para la construcción de una vía perimetral para la ciudad de Guayaquil, que constaba de un primer tramo. Esa propuesta fue retomada en 1985 por el gobierno reconstructor con una alteración del trazado.

“Se aumentaron 3 tramos por 31,8 kilometros, cuya utilidad para el transporte urbano de Guayaquil es virtualmente nula y sirviendo básicamente a la ciudad satélite Las Orquídeas, propiedad de empinados reconstructores”. Esto afirmaba Alfredo Pinoargote, el hoy presentador de Ecuavisa, en su libro “El monumento del poder”.

No fue fácil para Nebot y León salirse con la suya, tuvieron que usar todos los medios “legales” posibles para lograr sus objetivos.

Para ejecutar una obra de esa magnitud era indispensable que fuera aprobada por varios organismos del Estado, entre ellos el Consejo Nacional de Desarrollo (CONADE), presidido por Blasco Peñaherrera, Vicepresidente de la República, quien se opuso a la construcción.

“Para no quedarse atrás, algunas de las voces que defendieron el proyecto también invocaron con vehemencia el regionalismo, para meter en el incómodo sambenito de “enemigos de Guayaquil” a todos quienes se opusieran a la rma del contrato”. Enrique Macías Chávez, diario El universo.

Ese organismo, que estuvo de acuerdo con que se eloborara solo el primer tramo de la vía, nunca llegó a dar un informe favorable para la contratación, lo cual convirtió en inconstitucionales los decretos de financiamiento y el propio contrato.

Así mismo, Blasco Peñaherrera, instruyó a sus delegados en la Junta Monetaria y en el Banco de Desarrollo para que votaran en contra del endeudamiento ordenado por Febres Cordero para financiar la Perimetral. “Entontecido por el dinero”, así llamó el Vicepresidente de la República a su subalterno insolente, Jaime Nebot.

También desde el extranjero hubo objeciones; el Banco Mundial (BM) -luego de un estudio- se opuso a que se efectuara la obra. En un informe entregado el 20 de enero de 1987, la entidad crediticia aseguraba que “la vía perimetral no tendría un efecto significativo en el tráfico. Este proyecto será una muy pobre inversión y debería ser abandonado. Hay que ajustar el proyecto a la realidad motorizada y económica del país”, decía el diagnóstico. El BM lo catalogaba como un proyecto de alto costo y baja rentabilidad.

Eso desató la ira del régimen y, como era de esperarse, desarrollaron una campaña antiyankee. Ellos, un gobierno de extrema derecha que había, hasta ese momento, mantenido una muy estrecha relación con el Banco Mundial, con tal de salirse con la suya, declararon que “los yankees imperialistas querían tener en la pobreza al pueblo”; también que “el centralismo de Washington no quería el progreso de Guayaquil”.

captura-de-pantalla-2016-12-12-a-las-4-41-45-p-mAlfredo Pinoargote, en su libro “El monumento del poder”, demostró que el Banco Mundial y el gobierno del Ecuador tenían una relación nunca antes vista en la vida republicana, el BM había enviado 85 misiones al país en un plazo de 16 meses. “De esta manera queda al desnudo la pobre condición moral de quienes, por defender el contrato de la vía perimetral, han despotricado una sarta de falsedades contra el Banco Mundial”, afirmó Pinoargote.

Se seguían sumando las voces en contra del proyecto de la vía y, desde el Congreso Nacional, los diputados Ítalo Ordoñez y Alfredo Vera hacían conocer al país las irregularidades descubiertas.

Aquellos diputados denunciaron ante el Controlar General de la Nación las irregularidades descubiertas y entregaron todos los datos a la Comisión de Investigación del Congreso, precedida –en ese momento- por Jamil Mahuad. ¡Siempre dan vueltas los mismos nombres!

“En este país campea la impunidad amparada en la falta de sanciones a los autores, cómplices y encubridores de los perjuicios económicos al Estado ecuatoriano”, aseguraba la carta a Mahuad. Y seguía: “La mayor parte del recorrido de la perimetral, no va por el perímetro urbano de la ciudad, sino que atraviesa grandes extensiones de terreno donde se están planificando obras, como la urbanización Las Orquídeas y otras más, que son unas verdaderas ciudades satélites”.

Así mismo, aseguraban los diputados, que “el proceso licitatorio, adolece de fallas de orden legal, debido a que se ha permitido que se incluyan condiciones posteriores a la oferta que mejoran las condiciones del oferente adjudicatario”.

También lo afirmaba el mismo Alfredo Vera en su libro “El lleve de la Perimetral”: “Los perjuicios solamente en la parte vial se establecen en el orden de los 8.950 millones 800.000 sucres. Una ciudad que carece de todo se va a dar el lujo de contar con una supervía que sirve de pretexto para un superatraco”.

En su libro, Pinoargote añadía: “Es un crimen contra la ciudad que carece de los más elementales sistemas de saneamiento, agua potable, alcantarillado, recolección de basura. Antes de preocuparse de dar escuelas a los niños, casas a las familias pobres, trabajo a los obreros y adecuada atención a enfermos y ancianos, para lo cual alcanza con lo que cuesta la vía perimetral, prefieren proseguir el satanismo político de erigir monumentos al despilfarro atroz”.

LA MANIPULACIÓN REGIONALISTA

Como todos recordarán el permanente discurso de Jaime Nebot es “que el gobierno central está en contra de Guayaquil”, acuñando frases regionalista como “si es con Guayaquil, es conmigo”, “Rafael Correa es enemigo de Guayaquil”, etc. Así mismo, podemos recordar cuando León Febres Cordero quizo defender a su amigo banquero Fernando Aspiazu, y sacó a la ciudad en marcha, nuevamente con tintes regionalistas, porque “él no se ahueva” y había que defender al Banco del Progreso, un banco guayaquileño.

Pues bueno, esa táctica de manipular a la ciudadanía posicionando en el imaginario colectivo que “si alguien se opone a los designios de los socialcristianos es enemigo de Guayaquil”, no es algo nuevo.

Una vez identificados todos los enemigos, entre ellos, el mismo Vicepresidente de la República, Alfredo Vera, Ítalo Ordoñez, Alfredo Pinoargote, entre otros, empezó la campaña regionalista con marchas, cadenas de televisión y demás actos públicos, como la imposición de una placa de la infamia en contra de los enemigos de Guayaquil. Mientras tanto, los hombres de Carlos Castro, portaban pancartas que decían “primero un presidente peruano que uno serrano”.

Así se lanzó una cortina de humo contra las acusaciones de sobreprecios, de negocios vinculados y del inescrupuloso uso internacional del crédito del país para consolidar un despilfarro histórico.

 

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Entre fuertes críticas de periodistas, políticos e incluso aliados, se construyó la vía perimetral de Guayaquil. Lo que prometía, según sus gestores, ser la obra de la década para la ciudad, fue –más bien- un oscuro capítulo de la política ecuatoriana, lleno de suspicacias, acusaciones y explicaciones a medias.

León Febres Cordero logró burlar todos los obstáculos que “los enemigos de Guayaquil” pusieron para que no se construyera la vía perimetral.

El Consejo Nacional de Desarrollo (Conade) se opuso, pero el presidente evadió los controles estatales creando la Unidad Ejecutora del Transporte Masivo para Guayaquil (Uetmu-G).

La obra, inicialmente contratada por el Ministerio de Obras Públicas (MOP), se la arrebató la Uetmu-G. Pero, esa unidad, cuyo presidente era Jaime Nebot, fue constituida para “que administren y ejecuten todo lo relacionado con los estudios y obras a efectuarse para la solución al grave problema del transporte masivo urbano”, según el decreto presidencial.

De acuerdo con varios estudios -como uno presentado por la Universidad de Guayaquil-, se estableció que la perimetral, como estaba trazada, era ineficiente hasta para descongestionar el tránsito de vehículos de carga. No importó ningún estudio ni ninguna recomendación y, para aplacar las voces disidentes, también bajo decreto, se creó la “junta de notables”, un grupo de personas que debía suscribir una carta de recomendación para la construcción de la perimetral en un plazo imperativo de 10 días.

“Jorga de serviles hombres de paja, encabezada por el arzobispo de Guayaquil”, así los llamó el periodista Alfredo Pinoargote.

Además, había que superar el asunto del financiamiento, ya que los amigos del Banco Mundial “no querían a Guayaquil”, entonces qué mejor que hacer un pequeño intercambio de favores. El “compañero socialista obrero” Felipe González, Presidente del Gobierno Español, extendió la mano al ultraconservador León Febres Cordero. Al fin y al cabo, negocios son negocios.

A través de una facilidad crediticia, España financió parte de la obra; sería el consorcio español Agromán- Dragados y Construcciones el que se encargaría de la construcción. Es decir, el gobierno de España prestó el dinero, pero para que se quedara en una empresa española; y el Estado ecuatoriano pagó la deuda, los intereses y el sobreprecio.

Posteriormente, se supo que el consorcio español ofrecía “comisiones” o cohechos a los organismos que contrataban tales obras. Así lo afirmó Luis Fierro Carrión en su investigación sobre la vía Perimetral.

Entonces, ¿qué recibió a cambio el gobierno que daba la facilidad crediticia? Según la prensa española, “Felipe González vino a Quito y Guayaquil para acordar el pago de su gobierno socialista obrero al régimen ultraconservador de León Febres Cordero, por recibir a huéspedes que nadie quería: dos terroristas vascos de ETA. El pago consistía en un crédito para la construcción de varias obras públicas, entre ellas, la Perimetral” (revista española Cambio 16, 26 de enero de 1987).

Según Luis Fierro Carrión, el gobierno de Febres Cordero mantenía a los terroristas vascos encarcelados y torturados, donde policias españoles y franceses los interrogaban.

PRECIOS Y SOBREPRECIOS

Analizando las cifras, podemos ver que el primer tramo de la autopista, sector la Puntilla-La Aurora, fue contratada con una empresa ecuatoriana, COLISA, a un precio de 489’879.000 sucres por 10 kilómetros de extensión. Mientras, los tres tramos siguientes, de 34,5 kilómetros, se adjudicaron al consorcio español por 13.574’669. 297 sucres. “Es tan grande la diferencia que si la perimetral se adjudicara a empresas nacionales, con los costos del primer tramo, el precio se reduciría en aproximadamente un 70 %”, afirmaba Pinoargote.

Cada kilómetro del tramo contratado con la empresa nacional costaba 43’954.700 sucres y, el kilómetro del sector adjudicado al consorcio español, tenía un precio de 136’562.057 sucres, una cifra superior al triple. La justificación del ejecutivo era que con el consorcio español se manejaban precios internacionales, ¡cuando la obra se construyó en nuestro país con mano de obra local y precios nacionales en sucres!

Del costo inicial de la obra de 13.000 millones de sucres, se pasó a 17.000 millones de sucres y luego más de 20.000 millones de sucres, según Alfredo Vera Arrata, diputado en ese tiempo.

Se les ocurrió, entonces, que para justificar la diferencia, en 18 meses se duplicó el costo del contrato con la compañía nacional. Algo también ilegal y fuera de toda lógica, pero qué importaba, si igual todo quedaba en la impunidad.

En total, el presupuesto de la perimetral fue aumentado en cinco veces su valor inicial.

LAS INVASIONES PARA LOS TERRENITOS

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Cada kilómetro del tramo contratado con la empresa nacional costaba 43’954.700 sucres y, el kilómetro del sector adjudicado al consorcio español, tenía un precio de 136’562.057 sucres, una cifra superior al triple

Pero “el lleve” tenía que ser completo y, si se sacaba una gran tajada de la construcción de la vía, pues también había que ganar con la plusvalía. Se alteró el trazado inicial de la perimetral para que pasara por El Cortijo, propiedad de Febres Cordero, y por los recién adquiridos terrenos de Las Orquídeas.

“No solamente que hubo sobreprecio en los rubros de construcción, sino que hubo un incremento grandísimo en el trazado para que pasara por Las Orquídeas, propiedad de Jaime Nebot, que nadie lo sabía y nosotros lo denunciamos. De esta forma, convirtió los terrenos rurales en urbanos y aumentó su precio exponencialmente”, explicó Alfredo Vera, en una entrevista en el 2014.

Por su parte, el arquitecto Octavio Villacreces, también en una entrevista en el 2014, explicó que “en Guayaquil, como en otras ciudades del país, con base en el poder público, en las ordenanzas y las obras públicas, se han capitalizado alrededor de aquello. Los que ganan ahí son los promotores inmobiliarios, el capital político y los bancos que se quedan con la deuda”.

Para que el negocio fuera redondo, además de librarse la “lucha contra el terrorismo”, Jaime Nebot y su grupo de amigos tenían una lucha muy particular: la expansión y control de los territorios de Guayaquil.

Claro está, que para que el negocio de bienes raíces fuera fructífero, se necesitaban terrenos y ¡qué mejor que terrenos gratis!

Para esta misión, el entonces gobernador del Guayas tenía entre sus filas a Carlos Castro, quien en ese entonces era el jefe del Registro Civil y conocido “promotor” de tierras en Bastión Popular; también era su aliado Jaime Toral Zalamea, “dirigente” de los guasmos y las Malvinas, a quien era común verlo dando órdenes a la policía en los bajos de la gobernación.

“Con las invasiones se ha venido construyendo una relación perversa entre dirigentes barriales, políticos y clientes”, comentó a Diario El Comercio, el sociólogo Gaitán Villavicencio. La relación nunca fue tan evidente y cercana como durante la gobernación de Jaime Nebot.

Sin embargo, cuando la ambición es desmedida, hasta una gran amistad comienza a trastabillar. Cuenta la historia lo que pasó con Carlos Castro y Nebot, cuando el primero invadió los terrenos de Bastión Popular y luego decidió expandirse a los terrenos aledaños donde estaban ubicadas Las Orquídeas: Nebot, en su calidad de gobernador, propició varios desalojos en el sector que terminaron con serios enfrentamientos. Mientras que, por su lado, Castro convocó a una marcha para oponerse a los desalojos, asegurando que “correría sangre” y acusando a Jaime Nebot de querer esos terrenos para construir ciudadelas. En eso, Castro tenía razón. Es en este punto de la historia donde aparecen otros conocidos personajes: la familia Isaías.

“Las Orquídeas fue un seudonegocio que querían hacer los Isaías con mi padre y, debido a las negativas de parte de mi familia, empezamos a tener problemas con invasiones. Fue Carlos Castro quien invadió nuestros terrenos, donde luego lotizaron Las Orquídeas y después, Mucho Lote”, afirma Yankele Herrera, heredero legítimo de esas tierras, según los catastros municipales.

Los terrenos de Mucho Lote, años después, fueron entregados a la AGD como parte de pago de las deudas del Filanbanco. “Para que los Isaías que- daran libres de deudas con algo que no les pertenecían”, afirma Herrera.

Luego, esos terrenos fueron adquiridos por el Municipio de Guayaquil a un precio muy inferior al valor real, para la construcción de “vivienda social”.

Continuando con Las Orquídeas, los terrenos pasaron en papeles a nombre de la familia Kozhaya, que es el apellido real de la familia Isaías.

Cuenta Rodolfo Pérez Pimentel, en su diccionario biográfico, que “en 1912 llegó a nuestro país Emilio Isaías, su verdadero nombre era Mema Kozhaya. Hablaba únicamente árabe, por eso no le entendieron bien cuando pronunció su nombre y apellido y fue inscrito como Emilio Isaías en los registros ecuatorianos”.

En este punto de la historia comenzaron varias transacciones que incluyen a un grupo de empresas de Jaime Nebot y su grupo de amigos.

La familia Kozhaya (Isaías), como representante de la Inmobiliaria Guaruya, vende los terrenos a un grupo de cinco accionistas que a su vez representaban a un grupo de empresas relacionadas. Todos eran socios de todas las empresas con diferentes representantes.

Una escritura pública de sustitución de deudores, registrada el 30 de agosto de 1985 ante la notaría décimo tercera de Guayaquil, establece una serie de contratos y transacciones para el desarrollo de la urbanización Las Orquídeas.

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Los Kozhaya (Isaías) daban los terrenos, Nebot urbanizaba y las inmobiliarias cobraban las deudas por medio de los bancos, entre ellos, Filanbanco y La Previsora

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En toda licitación se tolera una contratación hasta con un 15 % del presupuesto básico, o sea las ubicadas entre las sumas de un mínimo de 7.222 y un máximo de 9.771 millones de sucres

 

Según el libro “El lleve de la Perimetral”, de Alfredo Vera Arrata, en la tercera parte del contrato de Las Orquídeas se estipula la obligación de urbanizar y “novación”, donde comparecen, nuevamente: José Luis Gamboa, representando varias empresas en las que Cynthia Bohrer era accionista, como Elenita S.A. y Campo Verde S.A.; Esteban Amador Rendón, por la Inmobiliaria Amalia S.A., donde también participaban Cynthia Bohrer de Nebot y Jaime Nebot Saadi, entre otros personas que, finalmente, en las mismas escrituras se obligan a mantenerse vinculados al negocio de forma permanente.

Dice el libro “El lleve de la Perimetral”: “Con este antecedente, los señores abogados Jaime Nebot Saadi y Esteban Amador Rendón y el ingeniero José Luis Gamboa garantizan y se obligan personalmente, sin beneficio de orden o excusión, y en los porcentajes de 15 % el primero, 65 % el segundo y 20 % el tercero (…) Las partes contratantes dejan expresa constancia de que celebran este contrato y se obligan a permanecer vinculados al negocio aquí pactado”. Es decir, los Kozhaya (Isaías) daban los terrenos, Nebot urbanizaba y las inmobiliarias cobraban las deudas por medio de los bancos, entre ellos, Filanbanco y La Previsora. El circulo se cerró, todo quedó entre los mismos “panas”.

Adicionalmente, la urbanización fue financiada mediante la creación de un “Fondo Financiero para la Vivienda Popular” del Banco Nacional de Fomento, que concedía créditos a bajos intereses y 25 años plazo. Ese fondo fue creado pese a que, tradicionalmente, había sido el Banco Ecuatoriano de la Vivienda (BEV) el encargado de este tipo de préstamos, destaca Luis Fierro Carrión, en el libro “Los grupos financieros en el Ecuador”.

Es decir, nuevamente se usó el poder político para lograr los beneficios para un negocio particular y financiar la construcción del proyecto.

Nebot, a su vez accionista del negocio privado, y presidente nato de la Unidad Ejecutora del Transporte Masivo Urbano de Guayaquil y gobernador del Guayas, hizo un negocio redondo con la Perimetral.

Promediando en un millón por cliente, el monto del negocio alcanzaría la astronómica suma de 49.000’000.000 (cuarenta y nueve mil millones) de sucres.

“No solamente que hubo sobreprecio en los rubros de construcción, sino que hubo un incremento grandísimo en el trazado para que pasara por Las Orquídeas, propiedad de Jaime Nebot” ALFREDO VERA ARRATA

LA REACCIÓN DE LA PRENSA

screen-shot-2017-01-05-at-12-25-56-p-mA tal punto llegó el escándalo de la Perimetral, que se formalizaron dos debates, claro está, con la intención de denigrar y echar abajo las investigaciones y acusaciones que se habían propiciado. Inicialmente, contra el periodista Alfredo Pinoargote; luego, en un acalorado debate en Ecuavisa, fue develada la verdad por parte de los diputados Ítalo Ordóñez y Alfredo Vera, que frente a Jaime Nebot demostraron los sobreprecios en la obra y la participación del entonces gobernador del Guayas en la construcción de la urbanización las Orquídeas.

Luego del debate quedó claro para la prensa en general y la opinión pública qué era lo que pasaba con la obra. Pero, el gobierno central hizo caso omiso de las acusaciones y todo quedó en la impunidad.

Vale analizar y recordar la historia, ya que estamos a pocos años de comenzar una nueva expansión de la ciudad, gracias al nuevo aeropuerto en Daular, donde nuevamente se está gestando un negocio millonario.

Por todo lo anteriormente relatado, si no tenemos la responsabilidad de redescubrir la historia y mostrarla tal como fue, estamos condenados a caer una y otra vez en los mismos errores. La historia es el aprendizaje para el futuro.