¿Cómo queda Cuba tras la muerte de Castro?

El día después de Fidel

Nació con la inquietud de quienes se niegan a que la historia los ignore. Escribió sus páginas –inéditas y rebeldes- sin pedir permiso, sin pedir perdón. Empezó como activista estudiantil, dirigió un movimiento armado, estuvo preso y exiliado. Y, con la misma pasión, gobernó por casi medio siglo. Su cuerpo resistió nueve décadas, pero su nombre es inmortal. ¿Cuál es su legado? ¿Desde dónde nos mira Fidel? Para unos desde arriba, para otros desde abajo. Castro es Cuba, la buena, la mala, la de la isla, la de Miami… Ángel o demonio, justiciero o tirano, soberano o necio, la historia lo dirá. Mientras tanto, Cuba es lo que Fidel hizo de ella

Por: William Morales

EL COMIENZO

En 1957, en las montañas de la Sierra Maestra de Cuba, Fidel Castro daba declaraciones a la prensa extranjera sobre los motivos de la revuelta: “Estoy liderando una revolución porque el gobierno legal de mi país fue derrocado por un ejército liderado por Batista, 82 días antes de que unas elecciones generales permitieran al pueblo de Cuba elegir su propio gobierno. Y en vez de eso, el general Batista estableció una sangrienta tiranía. Para poner fin a dicha tiranía y para restablecer un gobierno legal en mi país, estamos luchando ahora”, puntualizaba con su estilo apasionado e hipnotizador.

En 1953, Fidel ayudó al asalto fallido del cuartel Moncada; durante el ataque, todos los rebeldes fueron asesinados. Castro fue encarcelado por Batista por dos años. “No es lo mismo luchar por la libertad que luchar en contra de ella. Toda la gente de Sierra Maestra está con nosotros. Hemos prendido la llama de la revolución. Batista no quiere admitir que es incapaz de vencernos”, decía el líder cubano antes del triunfo de la revolución. Además, contaba que su ideología no era socialista: “No hay ni comunismo ni marxismo en nuestras ideas. Nuestra filosofía política es una democracia representativa y la justicia social dentro de una economía bien planificada”.

El 31 de diciembre de 1958, tras varios meses de enfrentamientos, las fuerzas revolucionarias combatieron durante tres días antes de avanzar a La Habana, y el 1 de enero de 1959, a las 04:00, Fulgencio Batista se rindió y huyó. Tras dos años de guerra, las fuerzas rebeldes entraron a la capital.

El gobierno de Castro fue admirado porque no se forjó mediante un golpe de Estado militar, sino de una revolución popular. Castro era un orador dinámico, persuasivo y lleno de energía; dotado de humildad y algo parecido a un profeta bíblico.

Sobre la revolución, Castro decía: “Esta es más difícil que la otra porque cuando estábamos en guerra, solo teníamos que preocuparnos por luchar. Ahora, de lo que se trata es de producir, de crear y de cuidar de todo lo que importa en este país y de erradicar enfermedades”.

Un año después de que Castro se hizo del poder, la gente empezó a huir, los que querían salir solo podían llevarse una maleta y renunciar a sus casas, coches y joyas. La mayoría se asentó en Miami, Florida, Estados Unidos (EE. UU). La comunidad de exiliados empezó a sentir el odio hacia Castro.

Con el paso de los días, los líderes de la revolución descubrieron que no tenían dinero suficiente para encaminar al país. Aunque inicialmente Castro había dicho que no necesitaba ayuda de EE.UU., se dio cuenta de que no podía vivir en esas condiciones. Pero, EE.UU. se mostró reacio a ayudar. Para los estadounidenses, el gobierno revolucionario era un mandato de facto. La isla, que les servía de centro vacacional, era un paraíso tropical ideal para lucrativos negocios y a solo 150 kilómetros de casa.

captura-de-pantalla-2016-12-13-a-las-12-35-14-p-mEn 1959, Castro empezó a apropiarse de terrenos, muchas de ellas de accionistas estadounidenses, el objetivo era que todos los granjeros cubanos compartieran los beneficios de la tierra. Al mismo tiempo, Cuba empezó a aceptar ayuda de la Unión Soviética (URSS), aumentando así las tensiones de la guerra fría entre soviéticos y estadounidenses, llamados –de forma peyorativa- yanquis.

En enero de 1960, el viceprimer ministro soviético, Anastas Mikoyan aterrizaba en La Habana. En ese mismo año, Castro se hizo cargo de todas las compañías estadounidenses en Cuba. “Todas las empresas quedan nacionalizadas, tanto de la electricidad, de teléfonos, todos los bienes de la Texaco y la Esso; además, los 36 centrales azucareros que tenían las empresas estadounidenses”. Como respuesta, el presidente de Estados Unidos, Dwight Eisenhower, cortó las importaciones de azúcar de Cuba, la URSS ayudó con la compra del azúcar destinada a EE.UU.

EL EMBARGO

Fue durante el mandato de Fulgencio Batista que EE. UU. puso un veto a la venta de armas a Cuba; culminaba el primer trimestre de 1958. Casi dos años después, ya bajo el régimen castrista, el gigante del norte bloqueó las exportaciones a Cuba, excepto la comida y los medicamentos, después de que Cuba nacionalizó las refinerías de dueños estadounidenses. A principios de 1962, el embargo se amplió hasta comprender, prácticamente, toda mercadería.

En secreto, EE.UU. buscó la forma de sacar a Castro del poder, pero no quería que sus propias tropas invadieran Cuba. En lugar de eso, en 1961, el presidente John F. Kennedy accedió a que asesores estadounidenses formaran a exiliados cubanos dispuestos a luchar, su objetivo: invadir Cuba y echar a Fidel.

El ataque comenzaría en el sur de la isla, en la Bahía de Cochinos. Las tropas invasoras no tuvieron ningún apoyo del pueblo cubano. Unos 1.400 soldados exiliados invadieron la isla, decenas de ellos fueron asesinados y los demás terminaron presos. En menos de 72 horas, Castro terminó con la Brigada 2506, organizada, financiada y entrenada por la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés). La invasión fue un completo fracaso.

Durante la primavera y verano de 1962, los guardacostas estadounidenses recogieron a refugiados cubanos, quienes informaron que buques soviéticos estarían entregando armamento a Cuba y que muchas de esas armas parecían cohetes.

Entonces, el 22 de octubre de 1962, Kennedy se dirigió a su país y al mundo: “Este gobierno, tal y como prometió, ha estado vigilando de cerca el aumento de arsenal militar soviético que se ha ido acumulando en la isla de Cuba. Durante la última semana, varias pruebas inequívocas han demostrado que se está preparando una serie de bases con misiles ofensivos en la recluida isla. El propósito de esas bases no puede ser otro que el de ayudar a llevar a cabo ataques nucleares contra el hemisferio occidental. Le pido al presidente Nikita Khrushchev que zanje y elimine esta amenaza clandestina, temeraria y provocativa para la paz mundial”.

Luego de ese anuncio, el gobierno de EE.UU. empezó un bloqueo naval a la isla y las fuerzas armadas de Cuba se pusieron en alerta.

Castro dijo que el bloqueo de EE.UU. a Cuba era porque todos los intentos de destruir la Revolución Cubana habían sucumbido. “Nadie va inspeccionar nuestro país, nosotros sabemos lo que hacemos y sabemos cómo defender nuestra integridad y nuestra soberanía. Muestra de ello son nuestros revolucionarios, los patriotas y de todos será la victoria. ¡Patria o muerte, venceremos!”, dijo Fidel sin titubear.

Ante el impase entre las dos principales potencias del mundo, Estados Unidos y la Unión Soviética, se pudo generar un desastre mundial. En esa época, Ramón Ruiz, profesor adjunto de historia y especialista en Latinoamérica de la Universidad de Smith dijo: “No creo que se pueda hacer esa clase de cosas, según el derecho internacional, sin declararle la guerra a la nación cuyos barcos están intentando bloquear, creo que quizás sería mejor invadir a Cuba. Tengo entendido que hay ciertos grupos y ciertos miembros que aparentemente están a favor de esa idea”.

Por su parte, el embajador de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, Adlai Stevenson, señalaba: “Las esperanzas de la humanidad están concentradas en esta sala. Las decisiones que tomemos podrían determinar el futuro de nuestra civilización.”

El pánico entró en escena, los supermercados empezaron a vaciarse. La gente se estaba preparando para lo que podría ser un holocausto nuclear.

El 27 de octubre de 1962, el presidente Kennedy decidió no invadir Cuba y, en secreto, propuso retirar misiles estadounidenses de Turquía, si Khrushchev retiraba sus misiles de Cuba. Un día después, Khrushchev aceptó sin consultar a Castro. La crisis entre la Unión Soviética y EE.UU. llegó a su fin, sin un disparo.

Kennedy tenía un discurso conciliador: “Por supuesto, no abandonaremos los esfuerzos políticos y económicos de este hemisferio para detener la subversión de Cuba. Nuestro propósito y esperanza es que el pueblo cubano, algún día, sea realmente libre”.

Khrushchev mantuvo a Castro al margen de la crisis de los misiles, ese fue el comienzo de la relación de la Unión Soviética y el líder cubano, una relación que mantuvo al mundo occidental en vilo.

Kennedy fue asesinado, lo sucedió su vicepresidente, Lyndon B. Johnson; luego, asumió el mandato el tristemente célebre Richard Nixon, quien tuvo que dimitir por el escándalo de Watergate, tomó su lugar Gerald Ford.

En 1974, Castro estaba posicionado como un líder mundial, cuya ubicación geográfica resultaba estratégica por estar tan cerca de EE.UU. “Albergamos la profunda sospecha de que las plagas que han azotado a nuestro país y, especialmente, el dengue hemorrágico pueden haber sido introducidas en Cuba, en nuestro país, por la CIA”, decía el líder cubano.

Para mantener la economía en los setenta, Castro aceptó ayuda de miles de millones de dólares de la Unión Soviética, el dinero se utilizó para mejorar las fábricas y las industrias cubanas.

En 1980, Castro permitió que los que deseaban abandonar la isla lo hicieran. Miles de cubanos emigraron a EE.UU., ese hecho fue conocido como el éxodo al puerto de Mariel. En pocos meses, 125.000 cubanos emigraron a EE.UU. Ambos gobiernos decidieron poner fin la migración masiva. Para entonces, Jimmy Carter era el presidente de los estadounidenses y acceder a recibir a los “marielitos” le significó fuertes críticas y una consiguiente pérdida de popularidad.

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CAÍDA DE LA UNIÓN SOVIÉTICA Y EL CAMBIO DE MILENIO

Mientras Fidel Castro celebraba con la gente de su país el 25 aniversario de la Revolución, en 1984, el presidente de EE.UU., Ronald Reagan, sucesor de Carter, denunciaba en la radio a Castro por ser “un matón de mano dura”. “La cuestión más importante se mantiene: ¿hacia dónde va Cuba? La economía cubana es incapaz de proporcionarles a ustedes y a sus familias las necesidades más básicas, a pesar de los enormes subsidios que reciben del extranjero. Pero, sus líderes les dicen que no se quejen, que no esperen mejoras y que estén preparados para más sacrificios”, sentenciaba el mandatario estadounidense, reconocido por sus habilidades de orador y que había sido actor de Hollywood.

La economía de la revolución dependía en gran medida de la ayuda de la Unión Soviética, pero Castro creía que con fe, su guía y la resistencia de su gente, la revolución prevalecería.

Sin entrada del dinero del comercio con la Unión Soviética, Castro tendría que liderar ante una crisis, a lo que él llamó el “periodo especial”: “Estamos en uno de los periodos más difíciles de nuestra historia porque hemos tenido que quedarnos solos ante el imperio. Y, ¿qué hacía falta para quedarse solos frente al imperio? Hacía falta unidad, hacía falta valor, hacía falta patriotismo y espíritu revolucionario. Un pueblo débil, un pueblo blandengue, un pueblo cobarde se rinde y vuelve a la esclavitud. Pero, un pueblo digno, un pueblo valiente no se rinde y no vuelve jamás a la esclavitud”, relataba durante su discurso.

En octubre de 1995, durante una visita al New York Times, por el 50 aniversario de la ONU dijo: “Yo creo todo lo que dice el periódico, excepto cuando hablan mal de nosotros”. Y, sobre unas posibles elecciones en Cuba, añadió: “Hemos descubierto otra forma de democracia, diferentes fórmulas y una fórmula honesta para que la gente participe en la democracia; hemos descubierto que es mejor que la norteamericana”.

En los años posteriores al derrumbe de la Unión Soviética, Cuba tuvo problemas para sobrevivir, y los críticos afirmaban que Castro mantenía oprimido a su pueblo.

En 1995 se tomaron nuevas medidas para aliviar la situación. Se fomentó la inversión extranjera y se permitieron algunas muy limitadas formas de iniciativa privada. Eso hizo que poco a poco mejorara en algo la economía cubana.

En 1998, el papa Juan Pablo II hizo una visita a Cuba, en la cual pidió más flexibilidad y apertura a la sociedad cubana, así como al resto del mundo.

A partir de la segunda parte de los noventa, la situación del país se estabilizó en gran parte debido a las divisas recibidas por el turismo y por las remesas de los emigrantes. Para aquella época, Cuba tenía una relación económica casi normal con la mayoría de los países latinoamericanos, y sus relaciones con la Unión Europea (que empezó aproveerle de ayuda y préstamos) habían mejorado. China también emergió como una nueve fuente de ayuda y soporte, a pesar de que Cuba se había aliado con los soviéticos durante la división china-soviética de los años sesenta.

En el nuevo milenio, el presidente de EE.UU, George W. Bush, sentenciaba: “Hoy solo hay una nación en nuestro hemisferio que no es una democracia. Solo una”. Exigió elecciones libres en Cuba para aliviar el embargo de EE.UU. que llevaba vigente más de 41 años.

EL FIN DE UNA ERA

captura-de-pantalla-2016-12-13-a-las-12-35-40-p-mEn julio del 2006, Fidel fue sometido a cirugía por una hemorragia intestinal. Para lo cual, escribió una carta y pasó el mando (provisional) a su hermano Raúl: “La operación me obliga a permanecer varias semanas en reposo alejado de mis responsabilidades y cargos. Como nuestro país se encuentra amenazado, en circunstancias como esta, por el gobierno de los EE.UU. he tomado la siguiente decisión: delego, en carácter provisional, mis funciones como primer secretario, al segundo secretario, compañero Raúl Castro Ruz”.

Dos años después, en el 2008, Castro dimitió de forma oficial y le pasó la presidencia definitivamente a Raúl. En el 2009, no asistió al aniversario número 50 del triunfo de la Revolución.

Para quienes creen en la revolución de Fidel, siempre será el padre de la nación, su lucha en la Sierra Maestra es, ahora, una auténtica leyenda cubana. El carisma y el liderazgo que mostró desde el arranque de su poder nunca flaquearon. “Estamos en contra de cualquier dictador.Esa es nuestra idea”, aseveraba.

Sus críticos dicen que Castro es un monstruo, un tirano que le negó a su pueblo los derechos humanos básicos. Para ellos, Cuba tiene un legado diferente: nada de paz hasta la muerte de Fidel Castro. “Jamás me capturarán con vida. Como dice Henry Adams: ‘dadme libertad o dadme la muerte’”, decía Fidel.

Hasta que, en noviembre del 2016, el mandatario cubano Raúl Castro confirmó la muerte su hermano y líder revolucionario, a los 90 años, sin detalles de la causa del fallecimiento.

“Querido pueblo de Cuba, con profundo dolor comparezco para informar a nuestro pueblo, a los amigos de nuestra América y del mundo que hoy, 25 de noviembre del 2016, a las 10:29 horas de la noche falleció el comandante en jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz”, dijo Raúl en una alocución. Fue cremado el 26 de noviembre “siguiendo los deseos explícitos del líder Fidel”, dijo su hermano en una intervención televisada.

Tras el anuncio de los nueve días de luto, hubo silencio en la isla. A partir del lunes, 28 de noviembre, se rindieron homenajes en la plaza de Martí de La Habana, a los cuales asistieron miles de cubanos y los mandatarios: Enrique Peña Nieto (México), Daniel Ortega (Nicaragua), Juan Carlos Varela (Panamá), Juan Manuel Santos (Colombia), Rafael Correa (Ecuador), Evo Morales (Bolivia), Rey Juan Carlos I (España), Alexis Tsipras (Grecia), Uluru Kenyatta (Kenia), Robert Mugabe (Zimbabue), Jorge Fonseca (Cabo Verde), Hage Geingob (Namibia) y Jacob Zuma (Sudáfrica).

Por algunos días, los restos del líder cubano recorrieron la isla y sus seguidores se despidieron de él; y, desde el domingo 4 de diciembre, las cenizas de Fidel posan junto a José Martí en Santiago de Cuba, cuna de la Revolución.

¿Qué pasará en Cuba? Por décadas se cuestionó si la Revolución Cubana sobreviría sin su máximo líder, ahora, la pregunta es si las nuevas generaciones permitirán la continuidad del régimen.

La figura paternal del “comandante en jefe”, tan respetada como temida, permaneció omnipresente, aunque toda su vida Fidel Castro, cuidadosamente, evitó el culto a la personalidad al estilo estalinista.

En Cuba no hay estatuas suyas ni grandes retratos en las calles, pero los muros están cubiertos de sus consignas y la prensa oficial cita cotidianamente sus frases grandilocuentes.

Raúl Castro dejará el poder en febrero del 2018 y el futuro de la transición es incierta.

El excanciller del Ecuador, Francisco Carrión, puntualizó que “Fidel Castro dejó el poder hace 10 años y ya no era la persona que decidía sobre el gobierno. Con la muerte de Fidel no se cambia la política cubana, sigue siendo la misma (…). Retirar el bloqueo para que haya una relación normal, respetando las ideas de cada país la libre determinación de los pueblos, creo que facilitará una transición en Cuba, que pudo darse hace mucho tiempo”.

Por su parte, el expresidente del Ecuador, Rodrigo Borja, dijo: “Ese es un misterio porque hay una diferencia intelectual entre Fidel y el hermano (Raúl), no sabemos lo que vaya a pasar con Cuba”.

Arturo López Levy, especialista en asuntos cubanos del Centro de Estudios Globales de la Universidad de Nueva York, también concuerda con que: “Después de la muerte de Fidel Castro, ganarán ímpetu la reforma orientada al mercado y la erradicación de las políticas comunistas más impracticables. Sin el carisma de Fidel, las disposiciones del Partido Comunista descansarán en los resultados económicos”, dijo a la agencia AFP.

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REACCIONES

La muerte del líder cubano Fidel Castro, a los 90 años, causó diferentes reacciones de presidentes, políticos y dirigentes mundiales. A través de las redes sociales y comunicados oficiales se registraron cientos de mensajes de solidaridad con el pueblo cubano, expresiones de lamento y admiración.

Después de publicar un tuit con su primera reacción tras la muerte de Castro (@realdonaldtrump: Castro is dead!), el presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, emitió un comunicado: “Hoy, el mundo marca el fallecimiento de un brutal dictador que oprimió a su propio pueblo por cerca de seis décadas. El legado de Fidel Castro es de escuadrones de fusilamiento, robo, sufrimiento inimaginable, pobreza y la negación de los derechos humanos fundamentales”.

El presidente Rafael Correa criticó esa declaración de Trump en un tuit “Palabras de un ignorante” y advirtió que es una muestra de lo que puede pasar con América Latina durante el gobierno del magnate.

Tomás Regalado, alcalde de Miami, se sumó a los festejos de exiliados cubanos por la muerte de Fidel Castro. “No es la celebración de la muerte de una persona, es la celebración de la muerte de un dictador, estamos felices”, declaró.

El Versailles, Miami, ha ido escenario de otras muchas celebraciones como esa. Cada vez que los rumores sobre la muerte de Castro se intensificaban, la gente salía a festejar, aunque después se demostraba que no eran ciertos.

Por su parte, el Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, dijo: “Durante mi presidencia trabajamos duro para dejar el pasado detrás de nosotros, persiguiendo un futuro en el que la relación entre nuestros dos países esté definida no por nuestras diferencias, sino por todas las cosas que compartimos como vecinos y amigos”.

El papa Francisco señaló que: “Al recibir la triste noticia del fallecimiento de su querido hermano, el excelentísimo señor Fidel Alejandro Castro Ruz, ex Presidente del Consejo de Estado y del gobierno de la República de Cuba, expreso mis sentimientos de pesar a vuestra excelencia”, dirigiéndose a Raúl. El presidente de Francia, Francois Hollande, dijo que: “Fidel Castro fue un líder que representó a su pueblo y siempre rechazó la dominación externa. El bloqueo económico debe eliminarse de la isla”.

El expresidente de Uruguay, José Mujica, expresó “Hay en Fidel, y con él en una parte de pueblo cubano, una estatura de Quijote porque le tocó vivir un largo periodo de su historia desafiando a la primera potencia mundial que la tenía en frente”.

Por su parte, el presidente de Brasil, Michel Temer, subrayó “Fidel Castro fue un líder de convicciones. Marcó la segunda mitad del siglo XX con la defensa firme de las ideas en las que creía”.

El mandatario ruso, Vladimir Putin, consideró a Castro como “el símbolo de una era en la historia mundial contemporánea” y “un amigo sincero y fiable de Rusia”.

El líder de Corea del Norte, Kim Jong-un, dijo: “Fue el líder extraordinario del pueblo cubano (…) que hizo distinguidas contribuciones a la causa de la independencia contra el imperialismo, la causa del socialismo y la justicia”.

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RAFAEL Y FIDEL

captura-de-pantalla-2016-12-13-a-las-12-36-24-p-mEn marzo del 2008, por el impasse de Angostura entre Ecuador y Colombia, Correa no asistió a La Habana por el X Encuentro Internacional de Economistas, evento que dio la condición de miembro de honor de la Asociación de Economistas y Contadores de Cuba (ANEC) al gobernante ecuatoriano.

Pasó más de un año, en agosto del 2009, el presidente Rafael Correa se reunió con Castro, el encuentro formó parte de la visita que hizo el mandatario ecuatoriano a la isla para pasar unas vacaciones y hacerse un chequeo médico.

Correa viajó a La Habana para visitar a Hugo Chávez, en julio del 2011, quien estaba allí para someterse a una segunda fase del tratamiento contra el cáncer que padecía.

Cuba y Ecuador pertenecen a la Alternativa Bolivariana de las Américas (ALBA), un proyecto de integración política, económica y social en los que participan además: Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Comunidad Dominica, San Vicente y las Granadinas, Antigua y Barbuda, y Honduras.

Varios proyectos sociales están en marcha en Ecuador con el apoyo médico cubano y cientos de jóvenes del país estudian en la Escuela Latinoamericana de Medicina en La Habana, de manera gratuita.

También comparten el criterio de una integración latinoamericana, sin EE.UU., país del que ambos recelan y al que acusan de muchos de los males que se viven en la región. De hecho, Correa ordenó el cierre de la base militar estadounidense que existía en el país. El mandatario ecuatoriano promueve un Socialismo del Siglo XXI, muy diferente al de Cuba.

El líder histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, recibió en enero del 2014 a Daniel Ortega, Evo Morales y Rafael Correa, presidentes de Nicaragua, Bolivia y Ecuador, respectivamente, quienes participaban en la II Cumbre de la CELAC.

“Hablamos de todo: de los ataques que ha sufrido Cuba en estos años, de cómo mandaban hasta epidemias para matar ganado, cómo siempre Estados Unidos trató de anexar Cuba (…) Hablamos de historia, de la CELAC, del problema de los médicos en Ecuador, me dio todo su respaldo (…) Siempre conversar con una leyenda viviente como Fidel Castro es un privilegio”, dijo Correa tras la reunión con Fidel.

El presidente Rafael Correa fue el primer líder extranjero que intervino en el homenaje que se le rindió a Fidel Castro en la Plaza de la Revolución en La Habana, Cuba.

Rafael Correa elogió la “lucha” de Fidel, los logros sociales de la revolución en el “continente más desigual del planeta” y juró lealtad a sus ideas socialistas. “Por esas ideas seguiremos luchando, ¡lo juramos!”, clamó Correa.

“La mayoría te amó con pasión, una minoría te odió, pero nadie pudo ignorarte”, dijo Correa. Aseveró que Fidel “nació, vivió y murió con lo que hoy resulta necio: la necedad de vivir sin tener precio”.

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